Sí. Desde el principio del movimiento, desgraciadamente, ha habido mártires, personas que han muerto a causa del Majzen, apaleadas hasta la muerte durante manifestaciones. Cito por ejemplo a Kamal Amari, que fue golpeado violentamente en la manifestación del 29 de mayo; o Mohamed Boudouroua, un licenciado en paro que se manifestaba para conseguir trabajo cuando alguien le empujó haciéndole caer de un edificio. Más recientemente, también Kamal Hassani, que fue asesinado por un baltayi. Hay también personas que se han inmolado, porque sentían que el Estado no les consideraba como ciudadanos con todos los derechos y estaban realmente desesperados, hasta decidir quemarse vivos.
Has mencionado a los baltayis: al poco de iniciarse el movimiento, las protestas comenzaron a ser contestadas sistemáticamente con contramanifestaciones en defensa del régimen (a cuyos integrantes se acusa a menudo de estar pagadas por el Gobierno). A veces, el encuentro entre ambos «bandos» ha dado lugar a confrontaciones violentas. ¿Cuál es la reacción del movimiento ante estas contramanifestaciones y de qué modo le afectan?
Estas personas dicen que el movimiento 20 de febrero está contra la monarquía, cosa que no es verdad. No estamos contra la monarquía: en el mundo árabe había repúblicas que eran dictaduras. El movimiento lucha contra la corrupción y la tiranía.
A estas personas se les paga simplemente para que den una mala imagen del movimiento, diciendo que no hay más que islamistas, o que hay manipulaciones desde el exterior, desde Argelia o desde el Polisario. Pero todo eso no es verdad. No somos más que jóvenes que deciden de forma independiente y democrática lo que se hace en las manifestaciones. Somos ciudadanos marroquíes que tienen derecho a manifestarse, organizando nuestro trabajo y nuestras ideas para decidir cómo hacerlo. Eso es todo. Los baltayis, desgraciadamente, han hecho mucho daño al movimiento, pero continuamos de todos modos nuestras manifestaciones, porque ni ellos ni el Estado podrán impedir que nos manifestemos de manera pacífica.
Una de las cuestiones más polémicas en estos meses ha sido la presencia abundante de islamistas entre las filas del 20 de Febrero y la vinculación del mismo con movimientos de esta tendencia, hasta el punto de que se ha sugerido que pudiera estar manipulado por ellos. ¿Cuál es la naturaleza y la razón de estas alianzas?
En el movimiento sólo hay jóvenes, estén o no comprometidos con una corriente (la que sea: islamista, de izquierdas, liberal...) En el movimiento no hablamos de ideologías, no hablamos de pertenencia. Nos quitamos la gorra política y hablamos de lo que hay que hacer con el movimiento del 20 de febrero. Todos somos iguales, todos estamos de acuerdo en eso. A veces es difícil eso de quitarse del todo la gorra política, y en ocasiones se producen conflictos, pero lo que es positivo en el movimiento es saber gestionar esos conflictos y resolver los problemas de una forma democrática y razonable para poder evolucionar y salir de esos pequeños problemas.
Pese a las muchas características que hacen de él un fenómeno innovador, el movimiento 20 de Febrero tiene en Marruecos algunos precedentes: los de otras iniciativas de la sociedad civil que llevan trabajando en el país a lo largo sobre todo de la última década. ¿Cuál es vuestra relación con estos movimientos?
Uno de los principales movimientos, el de los licenciados en paro, al principio no quiso unirse, alegando que ellos sólo pedían trabajo y que las reivindicaciones políticas no les concernían. Pero luego muchos participaron en las manifestaciones, lo que fue muy favorable, ya que todos los problemas sociales (el paro, la pobreza...) están unidos a la política, y su adhesión empieza a hacer sentir el valor del movimiento en este sentido.
Hay también asociaciones de Derechos Humanos que apoyan al movimiento, entre ellas la más grande y activa, la AMDH, que se encuentra en el Consejo de apoyo del movimiento, en el que hay también muchas otras organizaciones y también partidos políticos. En este consejo está también Al Adl Wa Al Ihssane (Justicia y Espiritualidad), que es la organización islamista más grande de Marruecos, aunque no tenga derecho a presentarse a las elecciones. Todo esto nos es es muy útil.
El movimiento también está recibiendo cierto apoyo internacional, debido en gran medida a la amplia diáspora de inmigrantes marroquíes en Europa. ¿De qué manera se articula esta solidaridad?
Hay que hacer una distinción entre el apoyo de las organizaciones de Derechos Humanos que nos acompañan desde el comienzo del movimiento elaborando informes cada trimestre o semestre haciendo balance de lo que ocurre en Marruecos, y el de los marroquíes que residen en Europa y América, que han protagonizado muchas manifestaciones en diversas capitales como Washington, Madrid, París, Amsterdam...
En esto es fundamental el hecho de que los marroquíes residentes en el extranjero no tienen derecho a votar en estas elecciones. Aunque la nueva constitución da a los emigrantes el derecho de votar y participar en las elecciones, de hecho no se les está permitiendo. ¿Son acaso ciudadanos de segunda categoría, que cuentan para el Estado sólo para aportar remesas? Esta situación no es legal.
Tras un momento inicial de mayor presencia en las calles, ¿cuál es ahora la estrategia de movilización del 20 de febrero? ¿Seguís apostando por las convocatorias semanales en todas las ciudades del país o habéis optado por organizar de otro modo las protestas?
La coordinación de Rabat es distinta a la de otras ciudades. Ya no hacemos manifestaciones cada fin de semana solo porque «haya que salir». Manifestarse por manifestarse no nos interesa. Nuestro objetivo para manifestarnos está siempre en relación con lo que está pasando en el país, por ejemplo que hay detenciones políticas, que hay elecciones... En otras ciudades es diferente: en Tánger últimamente hay manifestaciones cada día, o en Casablanca cada semana desde el principio, porque el movimiento está más desarrollado que en Rabat.
En todo caso, después de la elecciones, el 27 de noviembre, saldremos para rechazar los resultados. Sean los que sean, porque, de principio, no son democráticos. No hay por qué aceptarlos. El Gobierno que salga de las elecciones no es legítimo, no es popular, porque el pueblo no ha tenido su
propia opinión sobre estas elecciones, y porque éstas son el resultado de reformas constitucionales que no han sido democráticas. Así que las rechazamos de principio. Esto no cae en el nihilismo, sino que es sobre todo para expresar nuestra repulsa a toda iniciativa que no sea democrática.

La movilización en Marruecos no ha sido tan amplia como en otros países. ¿Hay una autocrítica del movimiento al respecto, se considera que esté teniendo limitaciones para alcanzar a determinadas clases sociales o ciertos estratos de la población?
No creo que haya un solo hogar en Marruecos, una sola familia, que no sepa lo que es el movimiento 20 febrero. Cuando hacemos las movilizaciones, cuando repartimos panfletos, vemos que hay un apoyo de todas las clases sociales. Al analizar el que no todos salgan luego a manifestarse, no hay que olvidar el contexto histórico de Marruecos, los años de plomo, muchos años en los que había manifestaciones, palizas... así como que el país tiene un gran porcentaje de analfabetismo. Creo que el que no consigamos una participación masiva, marchas millonarias como en otros países, se debe a esas razones. En todo caso, yo creo que la minoría puede crear la historia. Por ejemplo, hay 80 millones de habitantes en Egipto: ¿cuántos pudieron salir a la calle? No creo que pase de los 8 millones.
En el momento actual, ¿cuáles son las prioridades más inmediatas del movimiento?
La liberación de los activistas que han sido detenidos solo por participar en las manifestaciones en favor del boicot. La Justicia no es independiente y estos arrestos no eran legales. El Estado debe ser un poco razonable, debe dejar de detenernos, porque tenemos derecho a expresarnos. Si el Estado nos arresta y reprime en las manifestaciones no hay ninguna razón para hacer las elecciones, está claro que ésta es una democracia de escaparate que sólo quiere exportar la imagen democrática ante Europa y Estados Unidos, cuando no es verdad. Así que debe parar de reprimirnos.
Pedimos también que las personas que han sido acusadas de corrupción en los informes de muchas organizaciones sean perseguidas por el Estado marroquí. Hay personas que tienen cargos muy importantes y sensibles en el Estado y que han cometido crímenes de Derechos Humanos. ¿De qué sirven las elecciones si las cosas están así?
¿Cómo definirías, tras diez meses de actividad, el movimiento 20 de Febrero?
Es un movimiento popular, abierto, compuesto por jóvenes interesados por la ciudadanía, que aman a su país y que sólo quieren lo mejor para él.