Nadie sabe “cómo abordar la situación”, según ha reconocido el propio rey de Jordania Abdallah II en una entrevista concedida a CNN. La OTAN ha descartado intervenir tras la conclusión de la misión en Libia, la Liga Árabe ha planteado una nueva hoja de ruta que estipule las mismas medidas que en marzo, comenzando por el fin de la violencia contra la población civil, y el régimen de Bachir al Assad sigue su propia agenda, anunciando reformas y poniendo a trabajar a un consejo nacional que está redactando el borrador de una nueva Constitución; mientras, se recrudece la represión y, el presidente advierte en la prensa extranjera (Sunday Telegraph): una injerencia externa puede derivar en un terremoto en la región.
El Consejo Nacional de Transición (CNT), creado por miembros de la oposición en Estambul, ha sido reconocido por el CNT libio y ha comenzado a andar. Las protestas en la calle no cesan, especialmente en las provincias de Homs y Hama que el último viernes de octubre - día en el que se forma el mayor número de manifestaciones aprovechando el rezo del viernes- terminó con la muerte de 36 civiles y más de 500 arrestados, según el Observatorio sirio de Derechos Humanos (con sede en Londres). Para los activistas “no hay vuelta atrás” aunque para ello tengan que escribir un testamento antes de lanzarse a la calle, algo que se ha convertido en una práctica habitual entre los jóvenes que desafían al régimen y que piden su caída pese a que la represión se extiende. Su mano implacable llega hasta los hospitales. No son un lugar seguro, como refleja el último informe de Amnistía Internacional, en el que se denuncian detenciones de los heridos que acuden tras las protestas. Con la participación y connivencia de médicos y personal hospitalario, se tortura y desatiende a los enfermos según su ideología política.
Tampoco es seguro protestar fuera de las fronteras. El Ministerio de Asuntos Exteriores español ha reprendido al embajador sirio, Hussamedin Alaa, tras las denuncias de activistas en España por represalias y amenazas a los familiares que permanecen en Siria. Una campaña de acoso que también ha publicado Aministía Internacional.
El aumento de la represión está siendo proporcional a las deserciones que se están produciendo en el Ejército. Algo que podría desestabilizar al régimen, por lo que son un objetivo prioritario. Los activistas aseguran que son decenas los ex militares que han muerto tras abandonar el Ejército, aunque aún no son suficientes para hacer caer el régimen.
Naciones Unidas cifra en más de 3.000 las muertes de ciudadanos sirios desde que comenzaran las protestas.

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