CON EL CAFÉ DE LA MAÑANA, Al Masaa (diario marroquí)
El Partido Popular (derecha) ha ganado las elecciones generales celebradas anteayer en España con mucha ventaja sobre su rival, el Partido Socialista Obrero Español, que ha estado al frente al gobierno durante dos mandatos consecutivos. El PSOE ha pagado el precio de la crisis económica y el aumento del desempleo que ha alcanzado cifras récord, lo que ha provocado que el electorado haya votado a la derecha.
El PP, conocido por sus políticas hostiles hacia Marruecos a través de sus posturas en diferentes asuntos, entre ellos el de las ciudades ocupadas de Ceuta y Melilla y el del Sáhara, llega al gobierno en nuestro vecino del norte en un momento en el que Marruecos se prepara a su vez para celebrar las primeras elecciones bajo la nueva Constitución, aprobada por los marroquíes en un referéndum. Esta evolución sin lugar a dudas es seguida positivamente por los países vecinos, sobre todo por España, con la que tenemos muchos puntos en común y unas relaciones inestables que dependen de la naturaleza del partido que gobierne en Madrid y de los cambios de las relaciones de vecindad.
Estas relaciones hispano-marroquíes necesitan hoy un nuevo aire que las traslade de una etapa marcada por el capricho político a una nueva era de bases sólidas, que anteponga los intereses internos y ponga sobre la mesa los asuntos espinosos con una profesionalidad diplomática que deje de lado las antiguas tensiones históricas. Las relaciones entre Rabat y Madrid han experimentado un progreso notable durante la última década con el Partido Socialista, independientemente de los altibajos más o menos naturales.
El Partido Popular debe construir sobre lo ya cosechado para el buen futuro de las relaciones entre los dos países. Lo que está claro es que las elecciones marroquíes contribuirán de manera significativa al diseño de una imagen diferente de la democracia en nuestro país, algo que servirá como mensaje político a nuestro vecino español y ayudará, por lo tanto, a la racionalización de las relaciones bilaterales basadas en el respeto y el consenso de los intereses comunes.

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