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Primero sectarismo; después desmoronamiento

Escrito por Abd alBari Atuan Domingo 03 de Junio de 2012 20:57

Traducción: Isabel Ureña

 

De pequeños, gateábamos para aprender y descubrir; le suplicábamos a nuestro pobre padre que nos diera una piastra para comprar un cromo de la idolatrada combatiente argelina Yamila Bouhired en solidaridad con la rebelión del millón de mártires, la cual considerábamos y seguimos considerando la revolución de todos, árabes y musulmanes; y un motivo de orgullo para nosotros.


Aproximadamente medio siglo después, hemos comenzado a escuchar lemas como «Primero Jordania», «Primero Egipto», «Siria y nada más», «Emiratí y orgulloso de serlo», «Libio y me enorgullezco»... De seguir así, nunca acabaría.


Hoy en día, nos apesadumbra este traumático fenómeno de división territorial; a nosotros, los que nos hemos criado en los valores de la unidad árabe, y la pertenencia al mundo islámico, nos duele ver cómo se consume y se desmorona esta realidad a causa del auge del sectarismo y el racismo; y por consiguiente, se colapsa y se disuelve la sociedad en su totalidad. Las identidades musulmanas y árabes han perdido la batalla frente a las estrechas identidades territoriales, sectarias y doctrinarias. Así, Iraq, tras la guerra estadounidense de «liberación» y la creación del «nuevo Iraq», ha pasado a ser chií, suní, kurdo, árabe, asirio y caldeo; esto es, ya no queda una identidad regional, árabe o islámica que abarque todo y facilite la convivencia.


Actualmente, el mismo modelo ha comenzado a trasladarse con suma rapidez a la «vieja Siria», que la «nueva Siria» amenaza ya con seguir los pasos del modelo iraquí. Así, hemos oído hablar en voz alta sobre la identidad alauí, aliada con drusos, ismaelíes, cristianos y chiíes, enfrentada a la identidad suní, la cual conforma la mayoría aplastante de la oposición que está luchando contra el régimen dictatorial con todas sus fuerzas para derrocarlo. Tras su liberación, Libia está siguiendo el mismo camino de Iraq y Siria: se ha convertido en un territorio dividido y gobernado por milicias de diversas tendencias y enfoques ideológicos, que también se ven atenuadas por la existencia de un intransigente tribalismo. En Sabha, las tribus de los Tabu quieren su propio estado; los Tuareg buscan separar una parte del norte de Mali y otra del sur de Libia para también instaurar su propio estado; mientras, las tribus de Cirenaica (Bengasi y alrededores) quieren separarse de la Libia occidental de Trípoli y los miratíes se han establecido como un ente independiente en mitad de los otros.


De división sectaria, el Líbano aguarda a que esta ruptura prenda llama, a la espera de lo que suceda en Siria y de cómo se desarrollen los sucesos. Sudán ha perdido un tercio de su territorio tras la autodeterminación del sur y es posible que pierda un segundo tercio con la separación de Darfur. Bahréin se encamina hacia un futuro incierto como nación independiente: ya no nos sorprende su posible anexión a Arabia Saudí a fin de equilibrar o diluir el número de población. Por su parte, el golfo Pérsico se siente amenazado por parte de Irán y, como resultado, ha mezclado política con militarismo de forma alarmante. Antes estaba el Tratado Árabe de Defensa Común y el plan de seguridad nacional árabe compartido; ahora la OTAN se ha convertido en el brazo armado de la umma árabe. Asimismo, las cumbres árabes han dejado paso a alianzas y uniones híbridas, compuestas por países árabes, Europa y Estados Unidos.


La alianza de los «Amigos de Libia» es el primer capítulo del nuevo pacto que ha ocupado el puesto de la Liga Árabe y de su tratado de Defensa Común. Ahora, las cumbres árabes lo que están haciendo es desarrollar y reproducir estas agrupaciones: hoy son los «Amigos de Siria»; mañana serán los «Amigos de Argelia»... o los de Arabia Saudí, o los de Egipto... y así sucesivamente. Hasta no hace mucho, aliarse con Estados Unidos era pecado; hoy, las incursiones bélicas de Estados Unidos, ya sean para combatir el terrorismo o para derrocar regímenes dictatoriales, han pasado a ser algo normal. Es más, hay pensadores y teóricos que ven en ello un hecho de civilización. Quien critica con timidez o de manera constante, es acusado de apoyar a las opresivas dictaduras y violar derechos humanos. Por desgracia, quienes dicen eso están apoltronados en tronos de dictadores, los cuales, bajo su punto de visa, tienen que ser considerados «moderados».


Ya no es de extrañar que este desarrollo nos lleve a una coalición con Israel; es más, hemos comenzado a escuchar voces que nos hacen pensar en ello y, por tanto, a emitir fatwas que justifiquen la alianza con el «diablo», para terminar con los opresores regímenes dictatoriales que masacran a sus pueblos. Asentimos y reconocemos que estos regímenes han anulado la dignidad de su pueblo, han hecho correr ríos de sangre y han violado los derechos humanos más básicos. Ahora, ¿basta con criticar estos regímenes mientras dejamos que se queme y se destruya la casa árabe ante nuestra mirada impasible? Estamos con el cambio democrático y el derrocamiento de todos los regímenes opresores y corruptos; sin embargo, al mismo tiempo también es nuestro derecho proteger a la comunidad en su conjunto y nuestro porvenir, así como cuidar su unión y crear su propio proyecto de civilización. ¿Dónde están los intelectuales árabes? ¿Han pasado a ser meros observadores del colapso de los valores globales, del paso a una desintegración sectaria y racial, y de la eliminación de la convivencia que conforman la umma y la doctrina de la unidad?


Sigue habiendo quienes exaltan el colonialismo de ayer, pidiendo hoy ayuda, en lugar de ponerse a buscar una tercera opción que nos libre tanto de las dictaduras como del colonialismo; y preservando al mismo tiempo nuestra integridad y dignidad como pueblo árabe que ha padecido ambos males y que sigue representando los despojos de aquéllos. No hemos dejado de sentirnos orgullosos de nuestros héroes que combatieron el colonialismo, y de esos mártires que dieron su sangre y sus almas para alcanzar la independencia y acabar con el colonialismo, como Omar Al-Mujtar, Muhammad Al-Jamis, Huwari Bumdin, Jamal Abdel Naser, Abdel Karim Al Jatabi, Sultan Basha Al Atrash, Abdel Qader Al-Yazairi, entre muchos otros... De los postes de nuestras jaimas colgaban fotografías suyas, personas cuya lucha era motivo de orgullo. ¿De quién serán las fotografías que cuelguen nuestros hijos y nietos en un futuro próximo?


El triángulo árabe, que jugó un papel en el intercambio cultural durante ocho siglos, y que fue una fuente de difusión en la zona y en todo el mundo, está ahora desintegrado y rasgado: Siria está inmersa en una guerra civil; Iraq está fuera de combate y gobernado por una dictadura sectaria; Egipto carece de un peso específico y pasa por una etapa transitoria compleja, aún por determinar. Además, se enfrentan a conspiraciones internas y externas que podrían dar como resultado una mayor inestabilidad y desequilibrio en la zona durante años. En el Magreb arabo-musulmán, existe temor, preocupación y miedo, por la continua situación de caos armado.


Las élites culturales, los políticos y sociólogos árabes casi en su totalidad mantienen sus mentes ocupadas en seguir los acontecimientos diarios a través de las parabólicas, las cuales no han dejado de difundir falacias a plena luz del día. Son pocos los que miran hacia el futuro, el de la comunidad y la región, escriben estudios serios y realizan ponencias para analizar el fenómeno actual partiendo de metodologías empíricas y objetivas a fin de dar con soluciones y salidas.


La conferencia israelí de Herzliya, en la cual participan cada año las mejores mentes israelíes y sionistas del mundo, fue una de las primeras en pronosticar el desmoronamiento de los estados árabes, como síntoma del colapso de nuestra identidad unificadora, nacionalista o islámica. Necesitamos un nuevo renacimiento intelectual y político que nos devuelva los elementos básicos de nuestra unidad, nuestra dignidad como una umma capaz de delimitar las prohibiciones -para condenar a quienes osen traspasarlas-, y las autorizaciones que permiten su construcción. La situación que vivimos en la actualidad no debe continuar. De seguir así debido al carácter sanguinario de las dictaduras «crueles», que se enfrentan a su pueblo, conspiran contra las dictaduras «moderadas» y colaboran con el colonialismo para alejarse de las sublevaciones de la Primavera Árabe, entonces tenemos la gran responsabilidad de encontrar soluciones y reducir las pérdidas siempre que esté a nuestro alcance.


La casa árabe arde, y nosotros, mientras, intercambiamos acusaciones o echamos más leña al fuego. La razón está ausente u oculta; por eso resulta difícil auto engañarnos y dejarse arrastrar por el optimismo.


 

Comentarios  

 
0 # Carlos 04-06-2012 19:17
Muchas Gracias , excelente trabajo Isabel
:-)
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0 # Carlos 04-06-2012 19:18
Muchas gracias , buen trabajo Isabel
:-)
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