Fuente original en árabe: AHEWAR
Traducción al español para AISH: Ana Abarquero
Los alfaquíes han conseguido sembrar en la conciencia colectiva del ciudadano de a pie que el laicismo es una herejía, que supone una amenaza para el islam y que quiere propagar la obscenidad, el mal y la decadencia moral. Y al tiempo que los ciudadanos no conocen el significado del laicismo, esos alfaquíes están en una permanente lucha encarnizada con todo aquel que difiera de su opinión. Han perpetuado un intercambio de acusaciones de herejía que alcanza a todos, indiscriminadamente, de manera que al alejarse del laicismo entran en el conflicto de la expiación y en una lucha destructiva dentro de un mismo cuerpo. Encontramos así que unas ramas del islam reniegan de otras, entre las que están el movimiento ahmadí [1], el ashaarí [2], el shií, el sufí y el yazidí [3].
Tenemos que liberar la mentalidad islámica de la obsesión por dar una visión religiosa de las cosas, mentalidad que construye una pared que la separa del otro. Para trasladarnos de esta mentalidad a un completo entendimiento humanista, hay que cambiar el pensamiento colectivo anticuado y cerrado; se trata de que los musulmanes puedan convivir con los conceptos de la democracia, que no consiste en la opinión general o el gobierno de la mayoría, sino que es una filosofía que adopta una serie de valores que se han ido acumulando a través de la separación de poderes. Valores tales como los derechos humanos, la igualdad, el respeto a los derechos de las minorías e incluso los derechos de los animales y de las plantas. Sin embargo, con la continua presencia de esta mentalidad religiosa en asuntos tales como la libertad, el ser humano y la mujer, nos condenan a pena de muerte y ponen trabas a todos nuestros agotadores intentos de tender una mano amiga y fraternal. Nos hacen sentir que vivimos dentro del rebaño que rechaza no a quien peca, sino a todo aquel que considera un peligro.
La mayoría de los marroquíes no ayunan por fe y, a excepción de los barbudos, rezan de manera espontánea; no realizan la oración según la ortodoxia, no se levantan por la noche ni llevan a cabo un esfuerzo doble por complacer a Dios, sino que el esfuerzo se dedica a complacer los rituales y su parte espiritual. Todo eso no es un problema en sí, pero lo peligroso de este asunto es que esas personas son esquizofrénicas. La mayoría de ellas ni rezan ni piensan en la peregrinación a la Meca porque en su interior no están convencidas. Puedes encontrar un delincuente que ha salido de prisión trastornado y que fue juzgado por algún delito común sin ser religioso, pero que se convierte en un alfaquí y un monstruo si huele en ti a un hereje.
En apariencia son pacíficos, pero en su fuero interno se muestran radicales contra todo intento de hacer progresar esta religión y humanizarla. Están anestesiados por conceptos erróneos. Muchas veces el musulmán te dice: «Nosotros fuimos el precedente de la democracia», y cuando le pregunta cómo puede ser eso, te dice: «El islam instauró la shura [‘consejo, comité de sabios’]». Pero cuando intentas examinar este concepto en su contexto jurídico te encuentras con que está muy lejos de ser democrático. La shura la componen los alfaquíes, por lo tanto no todos los individuos serán consultados ni se les concederá el derecho de expresar su oposición, sino que esa capacidad es un monopolio de los alfaquíes y de personas distinguidas. En el islam, Dios es el único que juzga, y quienes no se rigen por lo que Dios ha revelado son herejes.
Cuando rechazas el laicismo, querido musulmán, estás rechazando la posibilidad de que la civilización prospere, estás rechazando al otro, me estás rechazando de pleno, juzgas al otro desde tu rechazo, me niegas la libertad de creación y de pensamiento; me niegas la innovación, el progreso, la producción y el arte. Querido musulmán, me condenas a muerte y no ves que soy una persona diferente, que tiene derecho a vivir como quiera y no como tú crees que debe vivir. Si tú confiscas mis derechos en nombre del islam, contra lo que nosotros luchamos no es vuestro islam ni vuestra fe ni vuestro aspecto, sino la realidad en la que vivís, la que nos prohibís y los derechos que nos negáis. Como musulmán no tienes derecho a pedirme que me calle o que no te refute, si lo haces, me estás anulando totalmente.
Basta ya de alzar espadas intelectuales ante nosotros, el laicismo respeta todas las religiones y los derechos civiles. Si no es ley, sí es una herramienta que proporciona energía a la iglesia y a la mezquita y a todo el mundo. La gente no es juzgada ni discriminada por sus creencias, por su sexo o por su opinión. El laicismo es global y convive entre nosotros, es como el oxígeno para la sangre. Por su parte, el islam es un proyecto político, y todos aquellos que quieren explotar la religión para hacer política pretenden hacer ignorantes a los demás. La herejía es condenar a muerte sin que el condenado tenga derecho a defenderse. Es un comportamiento instintivo y animal, querido musulmán. Laicismo, si Dios quiere.
[1] Movimiento fundado a finales del siglo xix en la India.
[2] Escuela teológica fundada en el siglo x por Abu al-Hasan al-Ashaari
[3] Religión sincretista kurda que remonta sus orígenes al 2000 a. C.

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